El miedo de la industria era el clásico “valle” después del gran evento. No ocurrió. Dos meses después del Mundial, las tres sedes mexicanas sostienen niveles de ocupación hotelera inéditos para la temporada de agosto, tradicionalmente irregular.

Los hoteleros atribuyen el fenómeno a tres factores: la agenda de convenciones que se ancló tras la visibilidad del torneo, el turismo deportivo de fin de semana y el regreso de visitantes internacionales que conocieron el país durante el Mundial.

Lo que sigue

El sector vigila ahora dos indicadores: la conversión de las rutas aéreas temporales en permanentes y la capacidad de las ciudades para mantener actualizada la infraestructura digital que estrenaron para el torneo. Ambos definirán si el “efecto Mundial” se vuelve estructural.